Cuento terapéutico

Cuento para ir al médico sin miedo

Batas blancas, aparatos raros, un pinchazo de vez en cuando: es lógico que la consulta del pediatra dé miedo. Un cuento en el que el héroe descubre qué hace cada cosa y sale de allí orgulloso convierte lo desconocido en algo que se puede entender.

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Acuarela: una pediatra amable escucha con el estetoscopio a un niño sentado en la camilla
Ilustración creada con IA

Por qué los niños tienen miedo al médico

En la consulta pasan muchas cosas que el niño no controla: un adulto que no conoce le toca, le mira los oídos con una lucecita, le aprieta la barriga. A veces le duele, como con una vacuna. Y muchas veces va cuando ya se encuentra mal. Todo eso suma.

Qué debe tener un cuento sobre ir al médico

  • Un héroe con miedo, que lo dice en voz alta y nadie se ríe.
  • Explicaciones sencillas de lo que pasa: el estetoscopio escucha el corazón, la lucecita mira dentro de las orejas, el depresor (el palito) ayuda a ver la garganta.
  • Un médico o una médica amable, que avisa antes de hacer algo.
  • Un poco de valentía al final: el pinchazo dura lo que tarda en contar hasta tres.
  • La vuelta a casa, con un abrazo y quizá una tirita de colores.

Cómo preparar la visita

  1. Avísale con tiempo, pero no con días de antelación si se angustia mucho.
  2. Di la verdad. Si le van a vacunar, no le digas que no dolerá. Mejor: «Va a ser un pinchacito rápido. Yo te voy a dar la mano».
  3. Juega a los médicos en casa. Un maletín de juguete, el peluche como paciente, él como doctor. Es una de las mejores maneras de perder el miedo.
  4. Lleva su peluche. Puede «revisarle» el médico primero.
  5. No uses al médico como amenaza. «Si no te portas bien, te pondrán una inyección» solo añade miedo.

Si el miedo es sobre todo al dentista, tienes ideas en mi hijo no quiere lavarse los dientes y en nuestro cuento para lavarse los dientes.

Después de la consulta

Al volver a casa, habla de lo que pasó: qué fue fácil, qué fue difícil, qué le gustó. Reconoce su esfuerzo aunque haya llorado: «Te dio miedo y aun así te dejaste mirar los oídos. Eso es ser valiente».

Un cuento con su nombre

En el cuento largo de Winktale puedes elegir la lección «No tener miedo al médico». Tu hijo será el protagonista, con su nombre y su aspecto, y podrás añadir a mamá, a papá o al peluche que le acompaña a la consulta.

Un cuento es una forma cariñosa de empezar la conversación, no una terapia. Si el miedo, la angustia o la dificultad duran semanas, o le impiden dormir, comer o jugar con normalidad, consulta con el pediatra o con un psicólogo infantil.

Cuento de muestra

Alejandro y el corazón que hacía pum pum

Muestra · protagonista: Alejandro, 4 años

Alejandro tenía tos. No mucha, pero tos. Así que mamá dijo: —Mañana vamos a ver a la doctora Inés.

A Alejandro no le gustaba nada la idea. La última vez le habían puesto una vacuna, y aunque había sido rápida, se acordaba muy bien.

—¿Me va a pinchar? —preguntó por la noche.

—Mañana no toca vacuna —dijo mamá—. Solo te va a mirar para ver por qué toses. Si en algún momento toca pinchar, te lo diré antes, ¿vale?

Alejandro se fue a dormir abrazado a Tito, su perro de peluche. —Tú también vienes —le dijo.

La sala de espera tenía un acuario con peces naranjas. Alejandro contó cinco. Luego una enfermera dijo su nombre y entraron.

La doctora Inés tenía el pelo rizado y unas gafas con la montura azul. Y en el cuello llevaba un aparato muy raro, con dos tubos y una cosa redonda y plateada.

—Hola, Alejandro. ¿Y este quién es?

—Tito —dijo Alejandro, un poco escondido detrás de mamá.

—Encantada, Tito. ¿Puedo mirarte primero a ti? —La doctora se puso los tubos en las orejas y apoyó la cosa plateada en la barriga del perro—. Mmm. Tito está estupendo.

Luego miró a Alejandro. —Esto se llama estetoscopio. Sirve para escuchar el corazón. ¿Quieres oír el tuyo?

Alejandro dudó. Pero tenía curiosidad. La doctora le puso los tubos en las orejas y apoyó la parte plateada en su pecho. Estaba un poco fría. Y entonces lo oyó: pum pum, pum pum, pum pum.

—¡Es mi corazón! —dijo—. ¡Va muy rápido!

—Porque estás un poco nervioso. Es normal. Ahora respira hondo, como si soplaras una vela.

Alejandro respiró. Y el pum pum se volvió más lento.

Después, la doctora le miró las orejas con una lucecita (—Busco duendes —dijo, y Alejandro se rio), le miró la garganta con un palito (—Di aaaa, como un león), y le tocó la barriga, que le hizo cosquillas.

—Es solo un catarro —dijo al final—. Con jarabe y mucho descanso, en unos días estarás como nuevo. Has sido muy valiente.

Al salir, la enfermera le dio una pegatina con un león. Alejandro le puso una igual a Tito, en la oreja.

Por la noche, ya en la cama, Alejandro se puso la mano en el pecho. Pum pum, pum pum. Despacio, tranquilo.

—Buenas noches, corazón —susurró. Y se durmió con Tito y su pegatina de león.

Preguntas frecuentes

¿Le digo que le van a poner una vacuna?+

Sí, con sinceridad y poco antes, sin dramatizar: «Va a ser un pinchacito rápido y yo te doy la mano». Engañarle hace que confíe menos la próxima vez.

¿Jugar a los médicos ayuda?+

Mucho. Con un maletín de juguete y un peluche como paciente, el niño se familiariza con los instrumentos y pasa a tener el control.

¿Cuándo leo el cuento?+

Unos días antes de la visita y también después, para comentar cómo fue. Si se acerca una vacuna, el cuento ayuda a hablar de ella.

¿Puedo crear un cuento sobre el médico con su nombre?+

Sí. En el cuento largo de Winktale eliges la lección «No tener miedo al médico» y tu hijo es el protagonista.

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Un cuento para ir al médico sin miedo

Elige la lección «No tener miedo al médico» y tu hijo será el héroe que descubre qué pasa en la consulta.

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