Cuento de muestra
Alejandro y el corazón que hacía pum pum
Muestra · protagonista: Alejandro, 4 años
Alejandro tenía tos. No mucha, pero tos. Así que mamá dijo: —Mañana vamos a ver a la doctora Inés.
A Alejandro no le gustaba nada la idea. La última vez le habían puesto una vacuna, y aunque había sido rápida, se acordaba muy bien.
—¿Me va a pinchar? —preguntó por la noche.
—Mañana no toca vacuna —dijo mamá—. Solo te va a mirar para ver por qué toses. Si en algún momento toca pinchar, te lo diré antes, ¿vale?
Alejandro se fue a dormir abrazado a Tito, su perro de peluche. —Tú también vienes —le dijo.
La sala de espera tenía un acuario con peces naranjas. Alejandro contó cinco. Luego una enfermera dijo su nombre y entraron.
La doctora Inés tenía el pelo rizado y unas gafas con la montura azul. Y en el cuello llevaba un aparato muy raro, con dos tubos y una cosa redonda y plateada.
—Hola, Alejandro. ¿Y este quién es?
—Tito —dijo Alejandro, un poco escondido detrás de mamá.
—Encantada, Tito. ¿Puedo mirarte primero a ti? —La doctora se puso los tubos en las orejas y apoyó la cosa plateada en la barriga del perro—. Mmm. Tito está estupendo.
Luego miró a Alejandro. —Esto se llama estetoscopio. Sirve para escuchar el corazón. ¿Quieres oír el tuyo?
Alejandro dudó. Pero tenía curiosidad. La doctora le puso los tubos en las orejas y apoyó la parte plateada en su pecho. Estaba un poco fría. Y entonces lo oyó: pum pum, pum pum, pum pum.
—¡Es mi corazón! —dijo—. ¡Va muy rápido!
—Porque estás un poco nervioso. Es normal. Ahora respira hondo, como si soplaras una vela.
Alejandro respiró. Y el pum pum se volvió más lento.
Después, la doctora le miró las orejas con una lucecita (—Busco duendes —dijo, y Alejandro se rio), le miró la garganta con un palito (—Di aaaa, como un león), y le tocó la barriga, que le hizo cosquillas.
—Es solo un catarro —dijo al final—. Con jarabe y mucho descanso, en unos días estarás como nuevo. Has sido muy valiente.
Al salir, la enfermera le dio una pegatina con un león. Alejandro le puso una igual a Tito, en la oreja.
Por la noche, ya en la cama, Alejandro se puso la mano en el pecho. Pum pum, pum pum. Despacio, tranquilo.
—Buenas noches, corazón —susurró. Y se durmió con Tito y su pegatina de león.




