Cuento de muestra
Elena y el cubo de los tesoros
Muestra · protagonista: Elena, 4 años
Elena tenía un cubo rojo que era el mejor cubo del mundo. Dentro guardaba sus tesoros: una pala amarilla, un rastrillo, tres moldes de estrella y una concha rosa que había encontrado en la playa con la abuela.
Cada tarde, Elena llevaba su cubo al parque. Y cada tarde pasaba lo mismo: se sentaba en un rincón del arenero, abrazaba el cubo y decía: —Es mío.
Los otros niños jugaban juntos. Mateo y Lola hacían un castillo enorme. Pero les faltaba algo. —¿Nos dejas tus moldes de estrella? —preguntó Lola. —No —dijo Elena—. Son míos.
Así que Elena hizo un castillo ella sola. Era pequeño. Le puso una estrella, dos estrellas, tres estrellas. Y se quedó mirándolo. Era bonito, pero estaba un poco solo. Como ella.
Al otro lado del arenero, Mateo y Lola se reían. Habían hecho un foso alrededor del castillo y estaban llenándolo de agua con las manos. El agua se escapaba entre los dedos y ellos se reían todavía más.
Elena miró su cubo. Era el mejor cubo del mundo para llevar agua.
Se quedó pensando un buen rato. Luego se levantó, cogió el cubo y se acercó despacio. —Con esto se lleva más agua —dijo bajito.
Mateo abrió mucho los ojos. —¿Nos lo dejas?
Elena apretó un poco el cubo. —Un ratito. Y luego vuelve conmigo.
—¡Vale! —dijeron los dos a la vez.
Mateo llenó el cubo en la fuente y lo vació en el foso. ¡Splash! Esta vez el agua se quedó. Lola aplaudió. Y luego le devolvieron el cubo a Elena, tal y como habían prometido.
—Te toca —le dijo Lola.
Elena llevó agua una vez, y otra, y otra. Después sacó los moldes de estrella, y entre los tres pusieron estrellas en todas las torres. Lola le prestó su barquito de plástico para que navegara por el foso. Y Mateo le enseñó a hacer un puente con palitos.
Aquel fue el castillo más grande que había visto nunca el arenero.
Cuando mamá vino a buscarla, Elena llevaba el cubo lleno de arena, los zapatos llenos de arena y una sonrisa enorme.
Por la noche, antes de dormir, dejó el cubo rojo junto a la cama. Dentro estaban la pala, el rastrillo, los moldes y la concha rosa. —Mañana se lo vuelvo a dejar —le dijo a mamá bostezando—. Con amigos, el castillo es más grande.
Y se durmió soñando con un castillo de mil torres, todas con su estrella.




