Cuento terapéutico

Cuento para aprender a compartir

«¡Es mío!» es una de las primeras frases con fuerza que dicen los niños, y es normal. Un cuento en el que el héroe guarda su tesoro solo para él y descubre que jugar con otros es más divertido enseña a compartir sin sermones.

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Acuarela: una niña abraza un cubo de juguetes mientras otros niños juegan juntos en el arenero
Ilustración creada con IA

Por qué cuesta compartir

Antes de los tres años, compartir es difícil de verdad. Los niños pequeños viven en el presente, están descubriendo que hay cosas que son «suyas» y aún no entienden que prestar no es perder. No es egoísmo, es su etapa. Con tiempo, ejemplo y práctica, aprenden.

Qué debe tener un cuento sobre compartir

  • Un protagonista que no quiere compartir, y nadie le llama egoísta.
  • Una consecuencia natural. Se queda jugando solo y se aburre, o ve a los demás divertirse.
  • Un primer paso pequeño. Presta una sola cosa, un ratito, y vuelve.
  • El descubrimiento. Jugar juntos le da algo que no tenía: risas, un amigo, una idea nueva.
  • Ningún sermón. La historia lo cuenta, no hace falta explicar la moraleja.

Cómo practicar en casa

Después de leer el cuento, puedes jugar con él a lo mismo que la protagonista: una torre de bloques entre dos, una pieza cada uno, o repartir la merienda entre los peluches. Usa la palabra «turno» en lugar de «compartir», que es más concreta:

  • «Ahora es el turno de tu hermano. Cuando suene el reloj, te toca a ti.»
  • «¿Se lo dejas un ratito o prefieres después?»
  • «Le has dejado tu pala. Mira qué contento está.»

Respeta también que tenga algún juguete especial que no tiene que prestar. Tienes más ideas en cómo enseñar a compartir, y si los conflictos son sobre todo con hermanos, en peleas entre hermanos.

Lo que no conviene hacer

Quitarle el juguete para dárselo al otro niño, llamarle egoísta delante de otros o exigirle que preste algo que acaba de coger. Todo eso le enseña que compartir es perder, justo lo contrario de lo que buscas. Mejor turnos cortos, paciencia y mucho ejemplo: comparte tú con él y pídele permiso cuando quieras algo suyo.

Un cuento con su nombre

En el cuento largo de Winktale puedes elegir la lección «Compartir» y tu hijo será el protagonista, con su nombre, su aspecto y su juguete favorito. Puedes añadir a sus hermanos o amigos, hasta cinco personajes más, para que la historia se parezca a su vida.

Un cuento es una forma cariñosa de empezar la conversación, no una terapia. Si el miedo, la angustia o la dificultad duran semanas, o le impiden dormir, comer o jugar con normalidad, consulta con el pediatra o con un psicólogo infantil.

Cuento de muestra

Elena y el cubo de los tesoros

Muestra · protagonista: Elena, 4 años

Elena tenía un cubo rojo que era el mejor cubo del mundo. Dentro guardaba sus tesoros: una pala amarilla, un rastrillo, tres moldes de estrella y una concha rosa que había encontrado en la playa con la abuela.

Cada tarde, Elena llevaba su cubo al parque. Y cada tarde pasaba lo mismo: se sentaba en un rincón del arenero, abrazaba el cubo y decía: —Es mío.

Los otros niños jugaban juntos. Mateo y Lola hacían un castillo enorme. Pero les faltaba algo. —¿Nos dejas tus moldes de estrella? —preguntó Lola. —No —dijo Elena—. Son míos.

Así que Elena hizo un castillo ella sola. Era pequeño. Le puso una estrella, dos estrellas, tres estrellas. Y se quedó mirándolo. Era bonito, pero estaba un poco solo. Como ella.

Al otro lado del arenero, Mateo y Lola se reían. Habían hecho un foso alrededor del castillo y estaban llenándolo de agua con las manos. El agua se escapaba entre los dedos y ellos se reían todavía más.

Elena miró su cubo. Era el mejor cubo del mundo para llevar agua.

Se quedó pensando un buen rato. Luego se levantó, cogió el cubo y se acercó despacio. —Con esto se lleva más agua —dijo bajito.

Mateo abrió mucho los ojos. —¿Nos lo dejas?

Elena apretó un poco el cubo. —Un ratito. Y luego vuelve conmigo.

—¡Vale! —dijeron los dos a la vez.

Mateo llenó el cubo en la fuente y lo vació en el foso. ¡Splash! Esta vez el agua se quedó. Lola aplaudió. Y luego le devolvieron el cubo a Elena, tal y como habían prometido.

—Te toca —le dijo Lola.

Elena llevó agua una vez, y otra, y otra. Después sacó los moldes de estrella, y entre los tres pusieron estrellas en todas las torres. Lola le prestó su barquito de plástico para que navegara por el foso. Y Mateo le enseñó a hacer un puente con palitos.

Aquel fue el castillo más grande que había visto nunca el arenero.

Cuando mamá vino a buscarla, Elena llevaba el cubo lleno de arena, los zapatos llenos de arena y una sonrisa enorme.

Por la noche, antes de dormir, dejó el cubo rojo junto a la cama. Dentro estaban la pala, el rastrillo, los moldes y la concha rosa. —Mañana se lo vuelvo a dejar —le dijo a mamá bostezando—. Con amigos, el castillo es más grande.

Y se durmió soñando con un castillo de mil torres, todas con su estrella.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad aprende un niño a compartir?+

Los turnos sencillos empiezan hacia los dos o tres años con ayuda de un adulto. Compartir por propia iniciativa suele llegar hacia los cuatro o cinco.

¿Le obligo a prestar sus juguetes?+

Mejor no quitárselos. Practica turnos, respeta algún objeto especial y celebra cuando comparte por sí mismo.

¿Cuántas veces hay que leer el cuento?+

Las que quiera. Leerlo varias noches y luego jugar a lo mismo que la protagonista ayuda a que la idea se asiente.

¿Puedo crear un cuento sobre compartir con su nombre?+

Sí. En el cuento largo de Winktale eliges la lección «Compartir» y puedes añadir a sus hermanos o amigos.

También en English · Deutsch

Un cuento sobre compartir con su nombre

Elige la lección «Compartir» y tu hijo descubrirá en la historia que jugar juntos es más divertido.

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